Sobre la historia de Tarapacá

26 02 2008

No es fácil hablar de Tarapacá, es tanto lo que involucra; su historia es ancestral, desde las primeras presencias originarias en el poblado de Caserones, pasando por la conquista española, luego Perú, la Guerra del Pacífico y la penosa Batalla de Tarapacá, hasta hoy que es chilena.

Tanta fuera su importancia que hoy la región completa le debe su nombre. La ruta para llegar a Tarapacá es simple, desde Huara tomar la carretera internacional hacia Colchane. En el km. 14 de la carretera a mano izquierda se encuentra el Cerro Unita con el notable geoglifo del Gigante de Atacama.

En el km. 23 tomar el desvío a la derecha, bajar una pequeña cuesta. Al llegar al final de la cuesta se puede tomar el camino que se dirige al poniente que lleva a Huarasiña, pequeño poblado cuya población es principalmente aymara de la tercera edad. De regreso, volviendo al punto original del desvío, seguir el camino que se adentra en la quebrada. Hay un desvío a mano izquierda que lleva al lugar recordatorio de la batalla de Tarapacá. Se supone que este lugar sería originalmente conocido como San Lorenzo y donde además murió el comandante chileno Eleuterio Ramírez.Retomar el camino que lleva al pueblo para encontrarse con la iglesia de Tarapacá. Cada 10 de agosto se celebra la fiesta de San Lorenzo de Tarapacá, patrono de mineros y transportistas, segunda en importancia en la región después de La Tirana. Frente a la iglesia está la plaza, rodeada por la escuela, casas y dos pequeños almacenes. Recomiendo una caminata por las calles de Tarapacá, su arquitectura es hermosa, sencilla y se podría describir como del típico estilo de las quebradas de la región. Para seguir avanzando por la quebrada se debe tomar el rumbo hacia el río. Por lo general en la quebrada hace mucho calor durante todo el año y es muy tentador acercarse al río para refrescarse con las “aguas andinas” pero se debe tener cuidado con los jergeles y las “polvoritas”, diminutos zancudos que pueden provocar grandes molestias con sus picaduras. Cruzando el rio se encuentra el cementerio a mano izquierda, al frente está el asentamiento original de Tarapacá. Al seguir por el camino los farellones en la pared norte se hacen cada vez más espectaculares, extensos tramos mantienen las marcas de algún acarreo fluvial y se pueden ver claramente las capas de sedimentos en distintos colores. A lo largo del camino se pueden ver ruinas de antiguos caseríos como el de Quillahuasa, que con suerte aún mantiene algún letrero para identificarlo. Después de unos 30 km desde Tarapacá se llega a Pachica (ver relato sobre Pachica). Desde Pachica se puede tomar una ruta interna hacia Lirima y Cancosa, que aún no he realizado y según dicen es un camino bastante complicado. También se puede seguir el camino que sigue por la quebrada para terminar en Laonzana, deleite de geólogos por los maravillosos fósiles que se encuentran al lado del camino.Como se puede ver, Tarapacá está lleno de intereses para diferentes gustos, arqueología, historia, geología y quizás cuantos más por descubrir.

HISTORIA DE TARAPACÁ

Para entender la importancia de Tarapacá, creo que es necesario hacer una breve mención a su historia. El hecho de haber sido punto de encuentro ancestral, luego base colonial y posteriormente escenario de una de las sangrientas batallas en la Guerra del Pacífico hacen que este lugar tenga una carga histórica monumental, que no debería pasar desapercibida. Desde el punto de vista arqueológico Tarapacá es notable. Tiene una de las colecciones de petroglifos más extensas que haya visto en la región, además de geoglifos y evidencias como cerámicas, tejidos y conchales. No se puede dejar de mencionar el poblado de Caserones, en la ladera sur, sobre Huarasiña. No es fácil llegar, es preciso hacerlo en la época de invierno cuando el río está bajo porque es inevitable cruzarlo, vehículo 4×4 absolutamente necesario. En su primera etapa Caserones se podría clasificar en la época contemporánea a Punta Pichalo en Pisagua y Quiani en Arica, es decir alrededor del año 4000 A.C. (Primer periodo pre-agroalfarero). En su segunda etapa, alrededor del año 1000 A.C, Caserones fue contemporáneo a Conanoxa en Camarones y el desarrollo de Ascotán en el Salar de Atacama. En su etapa final fue una “ciudad” para su época, que consistía en más de 500 lugares de habitación circulares, hechos de adobe con pilares centrales de algarrobo. Era lugar de parada obligado para chasquis y caravaneros que pasaban en su ruta desde el Titicaca y Arica en el horizonte Tiahuanaco hacia Huatacondo, San Pedro de Atacama y otros lugares más hacia el sur o hacia la costa. Muchos siglos después, Tarapacá sería la capital colonial de la provincia. Dice la historia que en 1536 Diego de Almagro llega a Tarapacá, quien venía por el camino del Inca desde Arequipa y Cuzco. En mayo de 1540, Pedro de Valdivia baja de Cuzco con 20 soldados e Inés de Suarez espera aquí a los refuerzos provenientes desde el altiplano: Rodrigo de Araya desde Chichas y Francisco de Villagra desde Tarija. Luego las tierras de Tarapacá son entregadas en encomienda al Corregimiento de Arica fundado en 1565. Su capilla data del año 1613 y la parroquia se establece en 1685. Al parecer, originalmente Tarapacá se habría asentado en la ladera sur de la quebrada, frente al actual cementerio, pero una bajada de río arrasó con el poblado y diezmó la población, esto habría originado el cambio de ubicación a la actual. En 1768 se funda el Corregimiento de Tarapacá con 4 repartimientos: Camiña, Sibaya, Tarapacá y Pica hasta el Río Loa. Tarapacá subsistió como capital, con Gobernador y Cabildo hasta 1855, cuando el gobierno se trasladó a Iquique.

Batalla de Tarapacá

Después de la victoria chilena en San Francisco, José Francisco Vergara parte el 24 de noviembre de 1879 rumbo a Tarapacá con 412 hombres pertenecientes a los Zapadores, Artilleros y Granaderos a Caballo, más dos piezas de artillería. Después de obtener diversa información sobre la cantidad de hombres del ejército aliado en Tarapacá, que según las fuentes iba desde 1.500 hasta 4.000, decide pedir ayuda al cuartel general a cargo del General Escala. Para evitar correr riesgos, Escala decide que el Regimiento Segundo de Línea, Regimiento Artillería de Marina, Batallón Chacabuco, 30 Cazadores a Caballo, más una Batería de Artillería, acompañen a Vergara, llegando a un total de 1.900 hombres, todos al mando del General Arteaga.Vergara ya había partido desde Dibujo (lugar que aún no se puede definir con exactitud, pero que debería estar entre Negreiros y la Oficina Amelia) y Arteaga tuvo que partir a su encuentro en Pampa Iluga (o Isluga, que algunos la ubican cerca del Cerro Unita y en algunos mapas figura al sur de Huarasiña). Cuando se reunieron, los hombres llevaban más de un día sin agua ni comida, sin fuerzas para retroceder, no quedaba más que avanzar hacia Tarapacá. Entre las dos divisiones se alcanzaban 2.281 hombres, menos de la mitad de las fuerzas aliadas. Se definió el plan de ataque erróneamente, las fuerzas se separarían en tres. El comandante Santa Cruz debía avanzar sobre Quillahuasa, Arteaga debía atacar Tarapacá y Eleuterio Ramírez debía entrar por Huarasiña hacia San Lorenzo de Tarapacá. La división de Santa Cruz se pierde en la camanchaca, cuando ésta se dispersó se da cuenta que está sobre Tarapacá y decidió retomar el rumbo hacia su destino original, pero ya habían sido descubiertos. Su división estaba siendo aniquilada, tuvieron que retroceder hasta que llegó la división de Arteaga que logró levemente equiparar la situación e hicieron retroceder a las fuerzas peruanas. Al mismo tiempo, Ramírez avanzaba por Huarasiña, sabiendo que era batalla perdida, dos de las divisiones chilenas estaban en el alto y el grueso de las fuerzas peruanas estaba en la quebrada. La única solución era una carga final de Caballería, que toma por sorpresa al ejército peruano y logra hacerlos retroceder. Pero la victoria era momentánea. La tropa se lanzó con desesperación a tomar agua y a comer algo, y Arteaga manda a preparar rancho, sin dejar vigías, suponiendo que las tropas peruanas se retirarían definitivamente al igual como lo hicieron en San Francisco.Entretanto, los jefes peruanos se reunieron, esperaron a las divisiones provenientes de Pachica y aprovechan esta tregua chilena para atacar. El ataque peruano fue imparable, Arteaga ordenó la retirada pero las tropas chilenas no pudieron resistir. El abanderado del Segundo de Línea, Telésforo Barahona muere sin soltar el estandarte, que es protegido por sus compañeros que caen uno a uno, y que es finalmente arrebatado. Ramírez, después de haber sido herido dos veces, es llevado a un rancho por sus hombres, y es finalmente asesinado por el teniente Rodríguez del batallón peruano Zepita, luego, le prende fuego al rancho lleno de heridos. Arteaga ordena la retirada a los pocos que quedaban vivos. El General Buendía decidió retirarse de Tarapacá por temor a las represalias chilenas después de la batalla, que marcaría el fin de la Campaña de Tarapacá. Si bien el ejercito peruano, porque ya no se puede hablar de aliado, ganó esta batalla, definitivamente perdió la Región de Tarapacá. Quizás después de leer este detalle de la historia de Tarapacá sería posible entender la energía que existe en este lugar. Son muchas las emociones y sentimientos que han quedado flotando en la quebrada, conocida también por algunos después de la batalla como la “quebrada maldita”. Ciertamente este episodio marcó su carácter.

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