Recorrido por el altiplano de Tarapacá: Cariquima, Huaytane y Chulluncane

26 06 2016

Después de años de silencio, he vuelto para seguir compartiendo las Rutas de Tarapacá.

Esta vez he decidido volver con el altiplano.

La región de Tarapacá cuenta con uno de los paisajes altiplánicos más “dramáticos” de los Andes. Con dramático me refiero a su intensidad, a las emociones y sensaciones que puede provocar. Habiendo conocido los sectores altiplánicos de la región de Antofagasta y de Arica y Parinacota, me atrevo a decir que nuestro paisaje es algo más “comprimido”, coronado por todos los frentes por volcanes extintos, bosques de cactus y bofedales de colores polarizados.

Para comenzar el recorrido desde Iquique se debe tomar la Ruta A-16 hasta Humberstone, tomar la Ruta 5 en dirección al norte; al llegar a Huara tomar Ruta Internacional CH-15 Huara-Colchane. Siempre recuerde pasar a saludar al Gigante de Atacama (o de Tarapacá como les gusta llamarlo recientemente), desvío al norte en el km. 14 de esta ruta. Cumplido el saludo de rigor a la deidad todopoderosa, seguir hasta Chusmiza [Rumbo a las Termas de Chusmiza]. Recomiendo de sobremanera hacer una parada a esta altura de la carretera como primer punto de aclimatación. El altiplano se encuentra en promedio a 4.000 msnm y los efectos de la puna podrían llegar a ser severos si no se siguen algunas reglas básicas previas que consisten en dormir bien la noche anterior, no beber alcohol, tomar un desayuno liviano y hacer las paradas de aclimatación. Al lado norte de la carretera hay dos posadas donde puede aprovechar de tomar un mate de coca o de chachacoma, y si quiere también aprovecha de almorzar liviano y colaborar con la economía local. Y hablando de la economía local, no está demás mencionar que si bien los servicios son escasos, (muy importante mencionar que no hay abastecimiento de bencina en toda la ruta, salvo que se acceda al mercado negro en Colchane, por lo que se debe planificar la ruta, calcular muy bien el rendimiento del vehículo y llevar bencina si fuera necesario) se pueden encontrar provisiones en el camino, como las recién mencionadas en Chusmiza, y un poco más adelante hay una casa al costado sur de la carretera donde puede comprar un delicioso pan de anís. Dependiendo de la hora, quizás no sería mala idea dormir una noche en Chusmiza en las cabañas Munata Chusmiza (munatachusmizaltda@hotmail.com) y aprovechar de darse una vuelta por sus famosas termas.

La carretera a esta fecha se encuentra en excelentes condiciones. De

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Llareta en sector Tajgrapata

a poco empiezan a aparecer signos de vegetación de altura como cactus candelabro, y si se tiene suerte, incluso majestuosos cóndores. El paisaje va cambiando a
medida que se sigue subiendo. Se ven cerros coloreados de naranjos, verdes y amarillos, que corresponden a ancestrales “mallkus” (cerros o cumbres sagradas), como el Tata J’achura, el Huayna Potosí y el Cerro Tapa bañado de colores. En el km. 90 de la ruta se encuentra el sector de Tajgrapata con una maravillosa formación rocosa donde incluso se está practicando escalada en roca. Aproveche de hacer la segunda aclimatación en este sector a los 4.100 msnm y descubra las llaretas, que en esta región sólo crecen entre los 3.700 y los 4.300 msnm aproximadamente.

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Ruta Internacional CH-15 Huara-Colchane

Mi recorrido continúa pasando por la máxima altura del camino, 4.351 msnm, y sigo el desvío por la ruta a Cariquima (A-557) donde se pasa por el sector de los Penitentes, por algunos conocido también como Valle de la Felicidad, debido a la forma de las rocas y que además corresponde a un sector sagrado para los lugareños. De las formaciones rocosas pasamos a los primeros bofedales, sectores de vegetación para el pastoreo de alpacas, burros salvajes y algunas aves, y la histórica Quebrada de Aroma, utilizada desde tiempos ancestrales para llegar a Bolivia desde la pampa de Tarapacá.

Van apareciendo más mallkus como el Volcán Isluga hacia el norte, con su permanente fumarola, y el Cerro Carabaya en territorio de Bolivia con su cumbre casi siempre nevada; el Mama Huanapa (Cerro Cariquima), Tata Sabaya y el Sillajhuay de 6.000 metros. A propósito de estas tres cumbres, me permito copiar la historia de amores y castigos que cuentan las historias Aymara:

Historia de Mama Huanapa y el Tata Sabaya

Érase una vez un matrimonio, ella se llamaba Huanapa y él Sabaya. Era Huanapa una joven muy simpática y atrayente y llevaba casada mucho tiempo. Más al norte vivía un joven solterón llamado Sajama, proveniente de una familia guerrera, quien comienza a pretender a la mujer de Sabaya y ésta le corresponde la conquista hasta consumar el amor y ganarse el desprecio de su marido.

Sabaya al darse cuenta tanta fue su indignación contra Sajama que le mandó una plaga de sertenjos (liebres) para que le comieran el lomo, quedando éste encorvado y salvándose gracias a una tormenta de nieve que le envió su hermano Illimani. Sajama decide pagar una indemnización a Sabaya por los daños y éste acepta.

Al tiempo, Huanapa, que dicen era coquetona, se enamora de un joven pastor llamado Sillajhuay, quien la invita a dejar a su esposo y venirse a su lado, Huanapa acepta llevándose a una pequeña hija y embarazada de seis meses. Sabaya al enterarse de ésto, comienza una batalla a muerte con Sillajhuay hasta que este último le tira un hondazo en la cabeza rompiéndole los dientes que Sabaya escupe hacia el salar de Coipasa.

Hasta hoy se puede ver a la Huanapa cerca del Sillajhuay de la mano de su hija, al Sajama más al norte encorvado y blanco y al Tata Sabaya solo, pero dicen que los que habitan sus faldeos gozan de riquezas y bienestar.

http://www.andeshandbook.org/montanismo/cerro/503/Sillajhuay

Si bien esta fuente cuenta la historia muy parecida a la que me contaron los lugareños, ellos agregarían una versión de final alternativo donde Mama Huanapa es castigada sin poder orinar nunca más y por eso nunca estaría nevada ni con cursos de agua.

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Mama Huanapa (Cerro Cariquima) desde la laguna de Villablanca

Vuelvo de los mitos a la Ruta A-465, el camino pasa por los primeros campos visibles de plantación de quinoa y al lado de la pista de aterrizaje de Ancuaque hasta llegar al pueblo de Cariquima, el de mayor población y organización del sector. En el último tiempo, afortunadamente, Cariquima ha surgido y se ha liberado del estigma que tuvo por largos años relacionado con traficantes de vehículos robados que los pasaban ilegalmente a Bolivia. En su plaza está la iglesia, declarada Monumento Nacional en el año 2006, y que debe datar del siglo XVII o XVIII, ya que “…a principios del siglo XVII, Isluga y Cariquima se constituyeron en anexos de la parroquia de Camiña, aunque bajo la dependencia directa de la iglesia de Chiapa”. (Boletín del Museo Chileno de Arte Precolmbino, Vol. 13, N° 2, 2008, pág. 64).

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Iglesia de Cariquima

Cariquima cuenta con alojamiento en el Hostal Tata Inti (http://www.cariquimatour.cl/web/index.php/alojamiento/hostal-tata-inti), que además debo destacar que tienen la política “Pet friendly”, es decir, ¡te reciben con tu mascota! El hostal cuenta con servicio de comidas, teléfono y wi-fi gratis.

Para seguir avanzando, tomar la ruta A-959 en la salida sur de Cariquima con primer destino a 10 km, Huaytane, o Huaitane, incluso Guaitane, son las tres versiones que he leído, pero al final eso da lo mismo. Esta camino está pavimentado y muy bien señalizado; en el km. 10 está el letrero indicando un breve desvío hacia el pueblo y luego el camino es de un breve tramo de tierra.

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Panorámica de Huaytane

Huaytane es un pueblo pequeño a una altura aproximada de 3.700 msnm y a unos 6 km de la frontera con Bolivia; no tiene iglesia católica, sólo una iglesia evangélica, situación que se repite en la mayoría de los pueblos del altiplano, tema que pretendo desarrollar en detalle más adelante. No tienen red de alcantarillado ni agua potable, sino agua de vertiente canalizada; tampoco tienen red de energía eléctrica, aunque todos los pueblos cuentan con luminarias. Gracias a la tecnología actual, algunos tienen paneles solares para tener luz en las habitaciones. Con respecto a las luminarias, podríamos decir que corresponden a un proyecto hijo de la tecnocracia, donde las mentes brillantes de la capital, ya sea regional o nacional, deciden que es una excelente idea llevar iluminación pública a los pueblos altiplánicos; hasta ahí vamos bien, pero el proyecto no considera que no existe red de alta tensión hasta la zona, entonces se les ocurre entregar generadores a combustible para cada pueblo, pero tampoco consideraron que no existe venta de combustible. ¿Qué pasa entonces? Los generadores sólo funcionan para las fiestas o carnavales, una o dos veces al año, cuando llegan los descendientes y vecinos a recordar las tradiciones. En resumen, ideas con buenas intenciones pero tomadas por personajes a cientos o miles de kilómetros sin ninguna percepción de las realidades y necesidades locales.

Tiene una plaza moderna, que también se repite en los pueblos de la Municipalidad de Colchane a modo de maqueta, todas iguales, del mismo material, de los mismos colores y casi las mismas dimensiones, y a mi juicio, sin ninguna armonía estética con la arquitectura típica del lugar. Sus casas son de adobe, piso de tierra y con techos de paja relativamente altos, pero con delicados detalles constructivos en cuanto a su método de fabricación, que sin duda constituyen un altísimo valor patrimonial.

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Preparación de paja para construcción de techos en Chulluncane

No es simplemente un techo de paja; la primera capa se compone de una especie de sábana de barro con paja, inicialmente flexible para poder adaptarse a las formas, luego se seca; en el cielo de la habitación se colocan maderos de soporte que se afirman con cuero y tripas de llama. El techo se recubre con capas de paja brava y barro, generando el típico diseño altiplánico. A su vez, los ladrillos de adobe pasan por un periodo de secado o curado al sol de 3 meses por costado, es decir, completan un proceso de al menos 9 meses para ser recién utilizados. La distribución de las habitaciones es bastante peculiar y al parecer general. A diferencia de nuestras casas “occidentales” que son una sola estructura, los espacios de habitación aymara del altiplano chileno son separados en cuanto a sus usos. Por ejemplo, existe una especie de patio central rodeado por varias habitaciones; unas para almacenamiento, una de comedor y cocina, otras para dormitorios (que pueden ser varios), todas con puertas y ventanas independientes que dan al patio, y en el mejor de los casos, un baño, también separado, pero todas estas habitaciones independientes de todas formas están unidas entre sí. Así imagino que una “casa” recrea de cierta forma el concepto de “marka” o del “ayllu” atacameño; este espacio puede albergar varias generaciones de la familia, donde pueden realizar trabajos colectivos como los de la cocina, todas las mujeres ayudan en las labores, comen todos juntos, pero cada uno tiene su dormitorio. En el patio central también pueden tener alguna chacra (o chakra, en su versión original en aymara y de donde hemos tomado la palabra con el mismo significado) donde cultivan verduras y algunas hierbas para hacer mates.

 

Independiente de las pequeñas chacras caseras, también cada familia cuenta con sectores de plantación, que en este sector corresponden a habas, cebollas, quinoa, entre otros, y los más emprendedores también pueden tener un invernadero con tomates, acelgas y flores.

Antes de seguir con la descripción social, es importante destacar que tanto Huaytane como Chulluncane han estado trabajando en proyectos de emprendimiento turístico. La iniciativa en Chulluncane fue iniciada en el año 2013 luego de las investigaciones y recorridos por el área por parte de Matías Pinto Duk, incansable buscador de rutas y lugares ancestrales de nuestra región. En ese marco, y apoyados por Indap y las agencias de turismo Mistico Outdoors (http://www.chileresponsibleadventure.com/) y Extremo Norte (http://extremonorte.wix.com/travel), han logrado generar programas y circuitos para recibir turistas, mejoras en sus instalaciones que incluyen paneles solares para contar con luz y lo más importante es que se considera el turismo responsable y sustentable, es decir, en este caso ellos fijan sus tarifas y condiciones.

Llegué a la casa de Doña Eulogia y Don Gregorio; ella se define como mestiza, porque su mamá era chilena de Cariquima y su papá boliviano, y Don Gregorio es chileno. Tienen casa en Huaytane, pero además dos casas en Cariquima. Periódicamente van a ver sus casas, sus animales y sus plantaciones. A la llegada se puede apreciar su austeridad, para nuestros ojos claro, porque después de compartir un rato es fácil darse cuenta que en efecto no les falta nada, todo lo contrario. Para nuestro vivir habitual es tan difícil vivir sin luz y sin agua potable; sin embargo, su sistema funciona perfecto. La mayor parte del día se dedica a preparar comida. En una de las habitaciones tienen dispuesto un fogón, casi siempre hirviendo agua, ahí además se hace el lavado de los platos, función que aquí corresponde a Don Gregorio, y no queda otra, son sólo ellos dos y sus dos perros, mientras Doña Eulogia prepara una perfecta quinoa y limpia la carne de llamo.

Doña Eulogia es una mujer fuerte, alegre y que pareciera siempre estar esperando el momento para entregar un mensaje. En sus ojos se puede sentir como si tuviera la necesidad de decir algo, de contar su historia que sin ser infidente puedo confesar que incluye varias fugas, 5 hijos que tuvo en Huaytane sin ninguna ayuda, la muerte de uno de ellos a los 9 años, haber sido “idólatra” y luego convertida a la religión evangélica. Doña Eulogia soñaba con recorrer el mundo, con viajar, conocer, ser libre e independiente, pero en sus palabras: “la vida es triste”. Sin embargo, me quedo con la tranquilidad de saber que si ella no pudo salir al mundo, el mundo ahora llega a ella, el mundo ahora la visita.

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Doña Eulogia en su casa de Huaytane

Hasta ese momento es inevitable sentirse como un extasiado observador, ellos hacen cosas y disponen, mientras uno trata de entender este otro mundo haciendo algunas preguntas, mirando, sintiendo olores y viendo otros colores. El frío es intenso en el altiplano, especialmente en los meses de invierno cuando la mínima fácilmente baja de cero en la noche y además ya a las 6 de la tarde está casi oscuro. La cena es a esa hora; consta de quinoa graneada, lechuga, tomate y carne de llamo todo acompañado de mate de coca, menta blanca y cedrón. No hacen postres porque en su dieta originaria no existe el azúcar ni la leche. Las llamas producen leche sólo para su cría y sus ubres son muy pequeñas como para ordeñarlas. Ya a las 8 de la noche no hay más que ir a dormir, y no es fácil con la altura.

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¡Desayuno aymara!

El desayuno es prácticamente igual a la cena, así como el almuerzo. Pueden haber diferencias en las preparaciones pero los ingredientes base son los mismos. La quinoa siempre está presente, ya sea para hacerla en sopas, harina para pan o “mikuna”, una preparación de bolitas rellenas con carne de llamo y cocinadas al vapor, o graneada. La preparación de la quinoa es un completo ritual. Consta de varias etapas que Doña Eulogia no dudó en explicar varias veces. En agosto y septiembre se prepara la tierra para plantarla, crece en el verano gracias a las lluvias del invierno altiplánico (o boliviano) y a fines de abril se cosecha. Aquí empiezan los pasos clave. Una vez cosechada se debe separar el grano de la planta, luego se debe tostar en una bandeja o sartén para pasar al pisado en un mortero grande. Estos dos pasos se deben repetir al menos dos veces. Después viene la etapa del venteo, cuando la quinoa se coloca en un aguayo y se tira hacia arriba al aire para terminar de separar una pequeña cascarita y eliminar las pequeñas piedrecitas que trae desde la cosecha. Estos pasos se deben repetir cuantas veces sea necesario. Después se debe lavar con agua tres veces. Todos estos pasos son esenciales para eliminar la saponina, un glucósido que tiene un sabor amargo y que en grandes cantidades podría ser dañino. Saponina viene del latín “sapo” (jabón), que produce una espuma, por eso es que se debe lavar tantas veces como sea necesario hasta que el agua salga sin espuma. Después de ver el tremendo trabajo que implica dejar lista la quinoa para ser recién cocinada es que se puede entender su alto valor en el mercado.

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Quinoa tostada

Un factor que me preocupó fue al comentar con Doña Eulogia la preservación de las tradiciones. Al preguntarle por las fiestas de floreo, por ejemplo, me explicó que ella ahora pertenecía a la iglesia Evangélica y por lo tanto ya no podía participar en este tipo de celebraciones. A mi juicio, este es un tema sociológico de alta complejidad. Si bien las tradiciones aymara han sobrevivido por muchos siglos a los estragos de la conquista española, a la introducción forzosa del catolicismo, a la incorporación al territorio chileno luego de la Guerra del Pacífico y a la dictadura chilena, esta vez no lo veo tan fácil. En los ejemplos anteriores, el pueblo aymara estaba obligado a “admitir” estas condiciones, de lo contrario les costaría sus vidas, pero en este caso ellos lo hacen por voluntad propia, por credo. Doña Eulogia me mostró fotos de su juventud, vestida con el aksu (o axu), vestido tradicional aymara que ellas mismas tejen, participando en ceremonias de floreo, en las entradas de los carnavales, en ceremonias oficiales, etc., y en sus palabras “parece que yo era la más idólatra”. La iglesia Evangélica les enseña que todo depende de la voluntad de Dios, que ya no es necesario matar a una llama para tener una buena temporada, que no se debe beber alcohol (parte importante de los carnavales y fiestas patronales), y menos leer las hojas de coca antes de un viaje, don que ella había heredado de su madre.

El rol de la iglesia Evangélica en los poblados del altiplano es muy importante. En todos los pueblos se pueden encontrar templos y se juntan todos los días. Doña Eulogia me explicaba que a través de la iglesia ellos cuentan con una red de apoyo espiritual, emocional y social permanente. En efecto, esta iglesia tiene múltiples actividades de apoyo comunal que incluyen trabajos comunitarios y encuentros, que si alguien tiene un problema todos acuden en ayuda inmediatamente; por lo tanto, para ella, no se puede comparar esta presencia permanente versus una fiesta una vez al año. No obstante, las tradiciones se olvidan.

El siguiente pueblo en el recorrido es la localidad de Chulluncane. Para llegar a este pueblo se debe seguir la misma ruta A-959 que va a Huaytane pero se debe seguir hacia el sur, desde Cariquima son 23 km, desde el desvío a Huaytane son sólo 13. El camino cada vez es más bello, pasa por riadas hasta llegar a la laguna de Villablanca, un espectacular paisaje que de fondo tiene a Mama Huanapa y se acompaña de flamencos chilenos, guallatas y taguas.

El pueblo de Chulluncane  es un poco más grande que Huaytane; mi lugar de llegada es la casa de Don Eugenio Challapa que tiene una tremenda biografía que va desde pastor, músico, líder comunitario y ahora se agrega el título de guía de turismo, entre otros. Don Eugenio lideró los proyectos de turismo sustentable en la zona. Hizo mejoras importantes a su casa mediante la incorporación de paneles solares y calentadores de agua, además de tener una casa especialmente preparada para recibir turistas.

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Cabañas para turistas en Chulluncane

Cuando llego a Chulluncane siempre me encuentro con algún evento; la primera vez fue la preparación y construcción de los techos de paja a la usanza tradicional y la segunda vez me encontré con que recién habían matado un llamo y lo estaban empezando a faenar. Por más que quise evitar la experiencia, Don Eugenio insistió en que los acompañara. Si bien como carne, siempre he pensado que si el suministro de ésta dependiera de mí, por cierto me convertiría en vegetariana; además que uno ve a estos animales como seres tan indefensos, dulces e incluso con cara divertida que es bastante difícil enfrentarse a la cruda realidad. No obstante la dramática escena, mi único consuelo fue saber que cuando matan a un llamo se aprovecha el 100% de lo que fue su existencia. Y a propósito de esto, existen varios temas a aclarar. Cuando ofrecen carne de llamo es porque de verdad es un llamo, macho, o eventualmente alpaco; no se come carne de llama ni de alpaca, hembra, salvo que sea estrictamente necesario. A las llamas y alpacas se les protege dada su condición de maternidad, más vale tener muchas llamas y alpacas vivas y así poder aumentar la prole. Las alpacas, en genérico, se trasquilan aproximadamente cada 3 años pelo para tener lana, y aquí vuelvo al 100% de su utilización, no así las llamas. Cuando se faenan para suministro de comida también se aprovecha el cuero, la lana, los intestinos, todo puede servir a modo de herramienta en un ambiente bastante escaso en materiales. Además, en un pueblo se aprovecha un solo animal para todas las familias, todo se comparte, entonces las familias se van turnando para matar un animal. Esto sin duda corresponde al verdadero significado de la sustentabilidad.

Don Eugenio se diferencia un poco del resto de los lugareños porque es muy bueno para contar historias; entre ellas, destaca la del Condenado. Aprovechando que acompañamos a Don Eugenio y su familia a buscar un par de alpacas guaguas al corral (porque estaban muy flaquitas y las iban a alimentar personalmente en la casa), nos contó esta historia que se inicia en ese mismo lugar. Hace muchos años, la ubicación original del pueblo de

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Corral de llamas

Chulluncane era donde actualmente Don Eugenio tiene su corral y donde aún quedan vestigios de las construcciones. Don Eugenio fue testigo en primera persona de esta historia, cuando él era muy joven, y todo empieza cuando comienzan los amoríos entre un hombre y su nuera. El problema comienza una vez que el hombre muere y es enterrado en el cementerio. En las noches se le podía ver y escuchar merodeando por el pueblo, provocando terror entre los habitantes, por lo que los hombres del pueblo deciden, con la autorización de la madre del muerto, llevar a cabo lo que las leyendas contaban: ir a desenterrar al muerto, cortarlo en pedazos y luego quemarlo; así lograron volver a estar tranquilos.

 

Entre los lugares que se pueden visitar cerca de Huaytane y Chulluncane está el bosque de cactus de Panavinto. Para llegar a Panavinto lo más seguro es volver a Cariquima y tomar la ruta A-953 y luego la A-955. Hay otros caminos más cortos pero no tienen señalización y puede ser fácil perderse. Los cactus de Panavinto corresponden a las especies de Cactus Cardón o cactus gigante que pueden alcanzar los 7 metros de alto y más de 600 años de antigüedad. También se encuentran unos cáctus más pequeños (O. soehrensii) que producen el ayrampo (o airampo), un pequeño fruto rojo como una pepita con el que preparan refrescos y también lo utilizan como tinte vegetal para las lanas. En este sector también se puede ver la llaretilla, un tipo de llareta de un color verde más apagado y de menor tamaño que crece desde los 3.700 hasta sobre los 4.300, aproximadamente. Además de los cactus, desde Panavinto hay una espectacular vista al Salar de Coipasa, cuyo margen occidental se encuentra en Chile y el grueso del salar está en territorio boliviano.

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Bosque de cactus de Panavinto

Otro lugar a visitar es el pueblo de Ancuaque. Para llegar se debe partir desde Cariquima por la ruta A-557 hacia el oeste y tomar el desvío señalizado a la A-97-B que llega hasta el pueblo. Cabe mencionar que esta ruta corresponde a la Ruta Altiplánica que llega hasta el Salar del Huasco. La principal atracción de Ancuaque son sus termas. Por el camino principal que pasa por la plaza (sí, la misma plaza igual de todos los pueblos) y la iglesia se llega a las termas. La entrada cuesta $1.000, por favor páguelos, si no hay nadie a la entrada del pueblo bájese y pregunte. Las termas no cuentan con instalaciones más que el escenario natural; es efectivamente una piscina natural protegida del viento por una pirca en un pequeño cerro. La temperatura del agua en superficie es tibia pero (dicen) que más abajo la temperatura es mayor; lamentablemente la temperatura exterior era bastante baja al momento de mi visita y superior a mi voluntad de sacarme las capas de ropa.

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Termas de Ancuaque

Así como Huaytane y Chulluncane, el altiplano de Tarapacá está lleno de tesoros geográficos, históricos y personales. Una de las cosas que más me conmueve es que probablemente estos lugares tienen pocos cambios con respecto a hace 50, 100 o 500 años atrás. Ahora avanzamos por una carretera, quizás algunos materiales hayan cambiado, quizás algunas tradiciones, pero lo más probable es que si pudiéramos viajar en el tiempo podríamos ver las recuas de vicuñas o llamas en los bofedales al igual que ahora, los volcanes respirando como hoy, los cactus creciendo despacito. Retomo lo dramático del altiplano, todo es tan intenso, el cielo es el más azul que jamás haya visto, las nubes están al alcance de la mano pero corren rápido y las estrellas, tantas, tantas estrellas, que aquí no forman las figuras de siempre sino que en los pocos espacios en negro de la vía láctea te muestran a la Yakana, la constelación de la llama.

 

 

 

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