Fiestas patronales: Santa Rosa de Lima de Villablanca

16 09 2016
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Altar de la iglesia de Villablanca durante la entrada de cera.

Las fiestas patronales corresponden a tradiciones religiosas mezcladas con ritos originarios de los pueblos en ciertas fechas. Esta mezcla de tradiciones se conoce como sincretismo religioso. Cabe mencionar que las fiestas patronales corresponden al patrimonio intangible indígena protegido por el Convenio 169 de la OIT. La introducción del catolicismo en las zonas andinas sin duda tuvo una estrategia muy bien pensada. La iglesia católica decidió introducir sus santos, imágenes, estructuras y otros sin eliminar los ritos tradicionales ancestrales, táctica utilizada desde tiempos muy anteriores a la llegada a América, como lo fue en los territorios celtas y la evolución del rito de Samhain en lo que es la actual fiesta de Halloween. Con esta explicación muy simple y escueta se puede entender cómo en una fiesta donde se celebra a un santo también podemos ver rituales como la wilancha (sacrificio de una llama) o la existencia de un alférez, personaje del pueblo que invita a la fiesta, entre otros. Con respecto al alférez: Personas de alguna comunidad que son designadas o que se ofrecen para financiar los costos de la fiesta del santo patrono del pueblo o personas que guían el baile. El alférez, también conocido como “pasante” o prioste de la fiesta patronal, es el personaje principal de la comunidad celebrante en el mundo andino. De acuerdo a los registros etnográficos de mediados del siglo XX de Monast (1972) en el altiplano boliviano que colinda con Chile, el alférez es “mucho más que el organizador o el director de la fiesta: es el responsable de la fiesta, goza de plenos poderes y se hace cargo de todos los gastos. Patrocina la fiesta, en el sentido de sostenerla con todo su crédito moral y pecuniario. Etimológicamente, es el portaestandarte: hace pasear la bandera de tal o cual santo por el pueblo, con los cargos que ese honor importa. (…) se es pasante de tal o cual santo (o del objeto de la fiesta), más que de la fiesta misma: pasante de san Pedro, pasante del Santísimo, etcétera. El pasante si bien es el encargado de la fiesta, no llega a programarla: hay un ritual tradicional y casi siempre idéntico para todas las fiestas. Sus obligaciones son, sobre todo, de orden financiero: asume los gastos de la fiesta. Paga los estipendios al ministro del culto por las vísperas, la misa y la procesión; lo mismo que el viaje del sacerdote si hay que hacer algún traslado; en ciertos lugares proporciona a la iglesia una provisión de cirios para todo el año; costea los gastos del hechicero y también de las víctimas para los sacrificios de los animales (…) El pasante organiza el baile: proporciona la música para la muchedumbre bulliciosa y con sed de bailar. Alquila, pues, una fanfarria o a veces dos (bandas de bronce)… Finalmente se ocupa de la comida y la bebida de todos los invitados –a veces varias docenas, y aun centenas– durante todo el tiempo de la fiesta: dos, tres y hasta cuatro días enteros (es muy difícil que una fiesta dure solamente dos días)” (Monast 1972:204–205). (http://www.sigpa.cl/dominio:alferez.html).

Como antecedente primario, el pueblo de Villablanca se encuentra en la Comuna de Colchane, a 16 kilómetros al sur de Cariquima, por la misma ruta a Huaytane y Chulluncane. Es un pueblo levemente más grande que los dos antes mencionados, no tiene la típica plaza a escala y además tiene iglesia y campanario. Previo a la década del 70, Villablanca podía contabilizar unos 100 habitantes. Actualmente, en el pueblo viven no más de 5 familias. Don José Mamani y Catalina Amaro son los habitantes más antiguos; él originario de Villablanca y ella de Quebe. Como en todos los poblados andinos, la migración es un tema crítico que cala hondo en la continuidad de las tradiciones. De hecho, en Villablanca se hizo la última fiesta de floreo de este sector altiplánico en el verano de 2016, gracias al compromiso de los hijos de Don José y Doña Catalina, que procuraron hacer este esfuerzo para que su mamá pudiera revivir esta tradición antes que fuera muy tarde.

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Panorámica de Villablanca

Las actividades agrícolas de Villablanca son para la propia subsistencia y se componen de cultivos de cebolla, ajo y cilantro en el sector sur del pueblo, además de la quinoa que se cultiva en dos predios cercanos a las orillas del Salar de Coipasa. También tienen sus animales, en total unas 500 llamas y alpacas además de unas 100 ovejas.

Dentro de los límites de Villablanca se encuentra la bellísima laguna de Villablanca, rodeada de bofedales, con Mama Huanapa de vigilante de las variadas especies de aves que incluyen flamencos, guallatas, diversos patos, piuquenes y taguas, entre otros.

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Panorámica de la Laguna de Villablanca.

La fiesta de Santa Rosa de Lima de Villablanca, como fiesta patronal formal, tendría sus inicios alrededor de 1915 y se interrumpió a fines de la década de los 90 por motivos de la irrupción de otras religiones cristianas y de la migración.

Este 2016, el alferazgo de la fiesta de Santa Rosa de Lima de Villablanca, que se celebra el 30 de agosto, le correspondió a Rafael Mamani Mamani y su señora Marleni Matías Valentín. Él originario de Villablanca, que emigró a los 6 meses de edad a Calama, y ella una bella limeña. No es menor el número de personas originarias de Villablanca que actualmente viven en Calama, no obstante, el respeto por la continuidad de las tradiciones es algo que supera las distancias y las condiciones geográficas.

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Sikuris de Villablanca tocando antes de salir al cerro del Calvario.

La fiesta comienza en la madrugada del día 29, a eso de las 3 de la mañana, con una reunión en la sede del pueblo donde llegan los sikuris a tocar sus músicas tradicionales y a prepararse con “té con té”, una preparación de té de hoja con cáscara de naranja, canela en palitos y azúcar a la que se le agrega el famoso pusitunga, un alcohol de caña típico de las zonas andinas y que se fabrica actualmente en Bolivia. Su graduación es de 96-98% de alcohol. Su consumo en altura y con el frío escarchante del altiplano, es, por decir lo menos, muy agradable y no peligroso en pequeñas cantidades, cosa que a nivel del mar podría terminar rápidamente en una intoxicación alcohólica. El alférez y su señora se pasean entre los pocos invitados presentes a esa hora con una tetera con el brebaje y dos pequeños vasitos de metal; los invitados se presentan con un “que sea buena hora” y el alférez ofrece el vasito, que antes de beber se debe ofrecer a la pachamama con una tradicional “ch’alla”, ¡sin duda lo más reponedor a esa hora!

Luego de un par de horas de música de los sikuris y té con té, se emprende la salida del pueblo para cruzar el bofedal en plena noche y llegar al cerro del Calvario. Este cerro si bien no tiene una tremenda altura, tiene un escuálido sendero regado de piedras redondas que hace bastante difícil el ascenso, agregado al frío reinante, la oscuridad y la altura; tarea no fácil y que para mí fue imposible de cumplir. Cuando el grupo compuesto por el alférez, los sikuris y los acompañantes llegan a la cima, se hacen las rogativas y agradecimientos correspondientes, además de rodear el calvario de rodillas con el fin de esperar los primeros rayos del sol y así dar inicio a la festividad. A eso de las 10 de la mañana y de vuelta en el pueblo, se procede a disfrutar de la clásica kalapurka, preparación tradicional de sopa con papas, cebolla, zanahoria y distintos tipos de carne.

Las celebraciones siguen con la tradicional (y triste) wilancha, el sacrificio de una llama que representa la comida que estará disponible durante la fiesta (por supuesto que no es sólo una llama la que se consume); la entrada de cera y la misa de víspera en la noche y luego un delicioso chocolate caliente con sopaipillas “tiraneñas” (sopaipilla de gran tamaño, por lo general hecha con harina de quinoa) alrededor de dos grandes fogones, y luego la primera noche de fiesta con música popular en vivo, bailes y mucha cerveza.

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Iglesia y campanario de Villablanca durante la víspera. 

El día 30 comienza con la misa al mediodía, ya con mucha gente que ha ido llegando de a poco al pueblo desde distintas localidades y todos, especialmente las mujeres, visten sus axos o trajes tradicionales. La tradición indica que Santa Rosa de Lima y la Virgen Candelaria deben recorrer todo el pueblo en andas de los elegidos y liderados por el alférez y con varias bandas de bronce, lakitas y sikuris tocando sus músicas alternadamente y que luego del recorrido y en conjunto entonan el himno nacional en la plaza junto a la iglesia, a la bandera chilena y la whipala.

La comida para todos nunca falta, desayunos, almuerzos y cenas se comparten en otra sede del pueblo, todo atendido por un muy eficiente grupo de garzones traídos de Bolivia y un grupo de cocineras encantadoras provenientes, en esta oportunidad, de Calama. Las actividades culinarias nunca cesan en la cocina, en consideración que se debe alimentar a más de 250 personas en cada oportunidad.

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Preparando la kalapurka

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Fiesta durante la tarde.

Durante la tarde comienza la entrega de “cariños”, parte muy importante de la fiesta. El alférez, siempre acompañado de su señora y familia, se ubica en un lugar especialmente destinado y adornado para recibir a los invitados. Cada uno se acerca al alférez, solo o con su pareja, a ofrecer sus saludos y buenos deseos para la fiesta. Cada uno tiene su “chuspa” o bolsito tejido tradicional que contiene hojas de coca. Estas chuspas se intercambian y se entregan hojas de coca para masticar, además de ofrecer un vasito de té con té. El invitado entrega dinero en efectivo, billetes de al menos $10.000 que van colocando con alfileres en la chaqueta del alférez, y la misma cantidad ofrecida se le debe colocar a su señora. Dependiendo de la cantidad de “cariño”, el alférez ofrece cajas de cerveza, que a su vez tienen categorías por marca. Al mismo tiempo, un asistente va entregando las cajas y otra persona va anotando las cantidades de dinero recibidas con nombre y apellido. La inversión que ha realizado el alférez de esta forma se ve recompensada. Pareciera que una caja es el mínimo a ofrecer, y así el invitado se retira con sus cervezas al sector donde se está realizando la fiesta, que sigue con bandas en vivo, bailes, celebraciones y por supuesto mucha cerveza. Una vez de noche, y luego de la cena, la fiesta sigue indefinidamente en la sede.

El último día comienza con un partido de fútbol en la cancha del pueblo, todo siempre acompañado de bandas, bailes y cerveza. El ambiente es siempre alegre, animado y por sobre todo cariñoso y esto lo quiero destacar de sobremanera. La cordialidad de todas las familias, que se reencuentran en estas fiestas, es un verdadero regalo.

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Plaza de Villablanca.

 

 

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Recorrido por el altiplano de Tarapacá: Cariquima, Huaytane y Chulluncane

26 06 2016

Después de años de silencio, he vuelto para seguir compartiendo las Rutas de Tarapacá.

Esta vez he decidido volver con el altiplano.

La región de Tarapacá cuenta con uno de los paisajes altiplánicos más “dramáticos” de los Andes. Con dramático me refiero a su intensidad, a las emociones y sensaciones que puede provocar. Habiendo conocido los sectores altiplánicos de la región de Antofagasta y de Arica y Parinacota, me atrevo a decir que nuestro paisaje es algo más “comprimido”, coronado por todos los frentes por volcanes extintos, bosques de cactus y bofedales de colores polarizados.

Para comenzar el recorrido desde Iquique se debe tomar la Ruta A-16 hasta Humberstone, tomar la Ruta 5 en dirección al norte; al llegar a Huara tomar Ruta Internacional CH-15 Huara-Colchane. Siempre recuerde pasar a saludar al Gigante de Atacama (o de Tarapacá como les gusta llamarlo recientemente), desvío al norte en el km. 14 de esta ruta. Cumplido el saludo de rigor a la deidad todopoderosa, seguir hasta Chusmiza [Rumbo a las Termas de Chusmiza]. Recomiendo de sobremanera hacer una parada a esta altura de la carretera como primer punto de aclimatación. El altiplano se encuentra en promedio a 4.000 msnm y los efectos de la puna podrían llegar a ser severos si no se siguen algunas reglas básicas previas que consisten en dormir bien la noche anterior, no beber alcohol, tomar un desayuno liviano y hacer las paradas de aclimatación. Al lado norte de la carretera hay dos posadas donde puede aprovechar de tomar un mate de coca o de chachacoma, y si quiere también aprovecha de almorzar liviano y colaborar con la economía local. Y hablando de la economía local, no está demás mencionar que si bien los servicios son escasos, (muy importante mencionar que no hay abastecimiento de bencina en toda la ruta, salvo que se acceda al mercado negro en Colchane, por lo que se debe planificar la ruta, calcular muy bien el rendimiento del vehículo y llevar bencina si fuera necesario) se pueden encontrar provisiones en el camino, como las recién mencionadas en Chusmiza, y un poco más adelante hay una casa al costado sur de la carretera donde puede comprar un delicioso pan de anís. Dependiendo de la hora, quizás no sería mala idea dormir una noche en Chusmiza en las cabañas Munata Chusmiza (munatachusmizaltda@hotmail.com) y aprovechar de darse una vuelta por sus famosas termas.

La carretera a esta fecha se encuentra en excelentes condiciones. De

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Llareta en sector Tajgrapata

a poco empiezan a aparecer signos de vegetación de altura como cactus candelabro, y si se tiene suerte, incluso majestuosos cóndores. El paisaje va cambiando a
medida que se sigue subiendo. Se ven cerros coloreados de naranjos, verdes y amarillos, que corresponden a ancestrales “mallkus” (cerros o cumbres sagradas), como el Tata J’achura, el Huayna Potosí y el Cerro Tapa bañado de colores. En el km. 90 de la ruta se encuentra el sector de Tajgrapata con una maravillosa formación rocosa donde incluso se está practicando escalada en roca. Aproveche de hacer la segunda aclimatación en este sector a los 4.100 msnm y descubra las llaretas, que en esta región sólo crecen entre los 3.700 y los 4.300 msnm aproximadamente.

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Ruta Internacional CH-15 Huara-Colchane

Mi recorrido continúa pasando por la máxima altura del camino, 4.351 msnm, y sigo el desvío por la ruta a Cariquima (A-557) donde se pasa por el sector de los Penitentes, por algunos conocido también como Valle de la Felicidad, debido a la forma de las rocas y que además corresponde a un sector sagrado para los lugareños. De las formaciones rocosas pasamos a los primeros bofedales, sectores de vegetación para el pastoreo de alpacas, burros salvajes y algunas aves, y la histórica Quebrada de Aroma, utilizada desde tiempos ancestrales para llegar a Bolivia desde la pampa de Tarapacá.

Van apareciendo más mallkus como el Volcán Isluga hacia el norte, con su permanente fumarola, y el Cerro Carabaya en territorio de Bolivia con su cumbre casi siempre nevada; el Mama Huanapa (Cerro Cariquima), Tata Sabaya y el Sillajhuay de 6.000 metros. A propósito de estas tres cumbres, me permito copiar la historia de amores y castigos que cuentan las historias Aymara:

Historia de Mama Huanapa y el Tata Sabaya

Érase una vez un matrimonio, ella se llamaba Huanapa y él Sabaya. Era Huanapa una joven muy simpática y atrayente y llevaba casada mucho tiempo. Más al norte vivía un joven solterón llamado Sajama, proveniente de una familia guerrera, quien comienza a pretender a la mujer de Sabaya y ésta le corresponde la conquista hasta consumar el amor y ganarse el desprecio de su marido.

Sabaya al darse cuenta tanta fue su indignación contra Sajama que le mandó una plaga de sertenjos (liebres) para que le comieran el lomo, quedando éste encorvado y salvándose gracias a una tormenta de nieve que le envió su hermano Illimani. Sajama decide pagar una indemnización a Sabaya por los daños y éste acepta.

Al tiempo, Huanapa, que dicen era coquetona, se enamora de un joven pastor llamado Sillajhuay, quien la invita a dejar a su esposo y venirse a su lado, Huanapa acepta llevándose a una pequeña hija y embarazada de seis meses. Sabaya al enterarse de ésto, comienza una batalla a muerte con Sillajhuay hasta que este último le tira un hondazo en la cabeza rompiéndole los dientes que Sabaya escupe hacia el salar de Coipasa.

Hasta hoy se puede ver a la Huanapa cerca del Sillajhuay de la mano de su hija, al Sajama más al norte encorvado y blanco y al Tata Sabaya solo, pero dicen que los que habitan sus faldeos gozan de riquezas y bienestar.

http://www.andeshandbook.org/montanismo/cerro/503/Sillajhuay

Si bien esta fuente cuenta la historia muy parecida a la que me contaron los lugareños, ellos agregarían una versión de final alternativo donde Mama Huanapa es castigada sin poder orinar nunca más y por eso nunca estaría nevada ni con cursos de agua.

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Mama Huanapa (Cerro Cariquima) desde la laguna de Villablanca

Vuelvo de los mitos a la Ruta A-465, el camino pasa por los primeros campos visibles de plantación de quinoa y al lado de la pista de aterrizaje de Ancuaque hasta llegar al pueblo de Cariquima, el de mayor población y organización del sector. En el último tiempo, afortunadamente, Cariquima ha surgido y se ha liberado del estigma que tuvo por largos años relacionado con traficantes de vehículos robados que los pasaban ilegalmente a Bolivia. En su plaza está la iglesia, declarada Monumento Nacional en el año 2006, y que debe datar del siglo XVII o XVIII, ya que “…a principios del siglo XVII, Isluga y Cariquima se constituyeron en anexos de la parroquia de Camiña, aunque bajo la dependencia directa de la iglesia de Chiapa”. (Boletín del Museo Chileno de Arte Precolmbino, Vol. 13, N° 2, 2008, pág. 64).

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Iglesia de Cariquima

Cariquima cuenta con alojamiento en el Hostal Tata Inti (http://www.cariquimatour.cl/web/index.php/alojamiento/hostal-tata-inti), que además debo destacar que tienen la política “Pet friendly”, es decir, ¡te reciben con tu mascota! El hostal cuenta con servicio de comidas, teléfono y wi-fi gratis.

Para seguir avanzando, tomar la ruta A-959 en la salida sur de Cariquima con primer destino a 10 km, Huaytane, o Huaitane, incluso Guaitane, son las tres versiones que he leído, pero al final eso da lo mismo. Esta camino está pavimentado y muy bien señalizado; en el km. 10 está el letrero indicando un breve desvío hacia el pueblo y luego el camino es de un breve tramo de tierra.

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Panorámica de Huaytane

Huaytane es un pueblo pequeño a una altura aproximada de 3.700 msnm y a unos 6 km de la frontera con Bolivia; no tiene iglesia católica, sólo una iglesia evangélica, situación que se repite en la mayoría de los pueblos del altiplano, tema que pretendo desarrollar en detalle más adelante. No tienen red de alcantarillado ni agua potable, sino agua de vertiente canalizada; tampoco tienen red de energía eléctrica, aunque todos los pueblos cuentan con luminarias. Gracias a la tecnología actual, algunos tienen paneles solares para tener luz en las habitaciones. Con respecto a las luminarias, podríamos decir que corresponden a un proyecto hijo de la tecnocracia, donde las mentes brillantes de la capital, ya sea regional o nacional, deciden que es una excelente idea llevar iluminación pública a los pueblos altiplánicos; hasta ahí vamos bien, pero el proyecto no considera que no existe red de alta tensión hasta la zona, entonces se les ocurre entregar generadores a combustible para cada pueblo, pero tampoco consideraron que no existe venta de combustible. ¿Qué pasa entonces? Los generadores sólo funcionan para las fiestas o carnavales, una o dos veces al año, cuando llegan los descendientes y vecinos a recordar las tradiciones. En resumen, ideas con buenas intenciones pero tomadas por personajes a cientos o miles de kilómetros sin ninguna percepción de las realidades y necesidades locales.

Tiene una plaza moderna, que también se repite en los pueblos de la Municipalidad de Colchane a modo de maqueta, todas iguales, del mismo material, de los mismos colores y casi las mismas dimensiones, y a mi juicio, sin ninguna armonía estética con la arquitectura típica del lugar. Sus casas son de adobe, piso de tierra y con techos de paja relativamente altos, pero con delicados detalles constructivos en cuanto a su método de fabricación, que sin duda constituyen un altísimo valor patrimonial.

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Preparación de paja para construcción de techos en Chulluncane

No es simplemente un techo de paja; la primera capa se compone de una especie de sábana de barro con paja, inicialmente flexible para poder adaptarse a las formas, luego se seca; en el cielo de la habitación se colocan maderos de soporte que se afirman con cuero y tripas de llama. El techo se recubre con capas de paja brava y barro, generando el típico diseño altiplánico. A su vez, los ladrillos de adobe pasan por un periodo de secado o curado al sol de 3 meses por costado, es decir, completan un proceso de al menos 9 meses para ser recién utilizados. La distribución de las habitaciones es bastante peculiar y al parecer general. A diferencia de nuestras casas “occidentales” que son una sola estructura, los espacios de habitación aymara del altiplano chileno son separados en cuanto a sus usos. Por ejemplo, existe una especie de patio central rodeado por varias habitaciones; unas para almacenamiento, una de comedor y cocina, otras para dormitorios (que pueden ser varios), todas con puertas y ventanas independientes que dan al patio, y en el mejor de los casos, un baño, también separado, pero todas estas habitaciones independientes de todas formas están unidas entre sí. Así imagino que una “casa” recrea de cierta forma el concepto de “marka” o del “ayllu” atacameño; este espacio puede albergar varias generaciones de la familia, donde pueden realizar trabajos colectivos como los de la cocina, todas las mujeres ayudan en las labores, comen todos juntos, pero cada uno tiene su dormitorio. En el patio central también pueden tener alguna chacra (o chakra, en su versión original en aymara y de donde hemos tomado la palabra con el mismo significado) donde cultivan verduras y algunas hierbas para hacer mates.

 

Independiente de las pequeñas chacras caseras, también cada familia cuenta con sectores de plantación, que en este sector corresponden a habas, cebollas, quinoa, entre otros, y los más emprendedores también pueden tener un invernadero con tomates, acelgas y flores.

Antes de seguir con la descripción social, es importante destacar que tanto Huaytane como Chulluncane han estado trabajando en proyectos de emprendimiento turístico. La iniciativa en Chulluncane fue iniciada en el año 2013 luego de las investigaciones y recorridos por el área por parte de Matías Pinto Duk, incansable buscador de rutas y lugares ancestrales de nuestra región. En ese marco, y apoyados por Indap y las agencias de turismo Mistico Outdoors (http://www.chileresponsibleadventure.com/) y Extremo Norte (http://extremonorte.wix.com/travel), han logrado generar programas y circuitos para recibir turistas, mejoras en sus instalaciones que incluyen paneles solares para contar con luz y lo más importante es que se considera el turismo responsable y sustentable, es decir, en este caso ellos fijan sus tarifas y condiciones.

Llegué a la casa de Doña Eulogia y Don Gregorio; ella se define como mestiza, porque su mamá era chilena de Cariquima y su papá boliviano, y Don Gregorio es chileno. Tienen casa en Huaytane, pero además dos casas en Cariquima. Periódicamente van a ver sus casas, sus animales y sus plantaciones. A la llegada se puede apreciar su austeridad, para nuestros ojos claro, porque después de compartir un rato es fácil darse cuenta que en efecto no les falta nada, todo lo contrario. Para nuestro vivir habitual es tan difícil vivir sin luz y sin agua potable; sin embargo, su sistema funciona perfecto. La mayor parte del día se dedica a preparar comida. En una de las habitaciones tienen dispuesto un fogón, casi siempre hirviendo agua, ahí además se hace el lavado de los platos, función que aquí corresponde a Don Gregorio, y no queda otra, son sólo ellos dos y sus dos perros, mientras Doña Eulogia prepara una perfecta quinoa y limpia la carne de llamo.

Doña Eulogia es una mujer fuerte, alegre y que pareciera siempre estar esperando el momento para entregar un mensaje. En sus ojos se puede sentir como si tuviera la necesidad de decir algo, de contar su historia que sin ser infidente puedo confesar que incluye varias fugas, 5 hijos que tuvo en Huaytane sin ninguna ayuda, la muerte de uno de ellos a los 9 años, haber sido “idólatra” y luego convertida a la religión evangélica. Doña Eulogia soñaba con recorrer el mundo, con viajar, conocer, ser libre e independiente, pero en sus palabras: “la vida es triste”. Sin embargo, me quedo con la tranquilidad de saber que si ella no pudo salir al mundo, el mundo ahora llega a ella, el mundo ahora la visita.

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Doña Eulogia en su casa de Huaytane

Hasta ese momento es inevitable sentirse como un extasiado observador, ellos hacen cosas y disponen, mientras uno trata de entender este otro mundo haciendo algunas preguntas, mirando, sintiendo olores y viendo otros colores. El frío es intenso en el altiplano, especialmente en los meses de invierno cuando la mínima fácilmente baja de cero en la noche y además ya a las 6 de la tarde está casi oscuro. La cena es a esa hora; consta de quinoa graneada, lechuga, tomate y carne de llamo todo acompañado de mate de coca, menta blanca y cedrón. No hacen postres porque en su dieta originaria no existe el azúcar ni la leche. Las llamas producen leche sólo para su cría y sus ubres son muy pequeñas como para ordeñarlas. Ya a las 8 de la noche no hay más que ir a dormir, y no es fácil con la altura.

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¡Desayuno aymara!

El desayuno es prácticamente igual a la cena, así como el almuerzo. Pueden haber diferencias en las preparaciones pero los ingredientes base son los mismos. La quinoa siempre está presente, ya sea para hacerla en sopas, harina para pan o “mikuna”, una preparación de bolitas rellenas con carne de llamo y cocinadas al vapor, o graneada. La preparación de la quinoa es un completo ritual. Consta de varias etapas que Doña Eulogia no dudó en explicar varias veces. En agosto y septiembre se prepara la tierra para plantarla, crece en el verano gracias a las lluvias del invierno altiplánico (o boliviano) y a fines de abril se cosecha. Aquí empiezan los pasos clave. Una vez cosechada se debe separar el grano de la planta, luego se debe tostar en una bandeja o sartén para pasar al pisado en un mortero grande. Estos dos pasos se deben repetir al menos dos veces. Después viene la etapa del venteo, cuando la quinoa se coloca en un aguayo y se tira hacia arriba al aire para terminar de separar una pequeña cascarita y eliminar las pequeñas piedrecitas que trae desde la cosecha. Estos pasos se deben repetir cuantas veces sea necesario. Después se debe lavar con agua tres veces. Todos estos pasos son esenciales para eliminar la saponina, un glucósido que tiene un sabor amargo y que en grandes cantidades podría ser dañino. Saponina viene del latín “sapo” (jabón), que produce una espuma, por eso es que se debe lavar tantas veces como sea necesario hasta que el agua salga sin espuma. Después de ver el tremendo trabajo que implica dejar lista la quinoa para ser recién cocinada es que se puede entender su alto valor en el mercado.

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Quinoa tostada

Un factor que me preocupó fue al comentar con Doña Eulogia la preservación de las tradiciones. Al preguntarle por las fiestas de floreo, por ejemplo, me explicó que ella ahora pertenecía a la iglesia Evangélica y por lo tanto ya no podía participar en este tipo de celebraciones. A mi juicio, este es un tema sociológico de alta complejidad. Si bien las tradiciones aymara han sobrevivido por muchos siglos a los estragos de la conquista española, a la introducción forzosa del catolicismo, a la incorporación al territorio chileno luego de la Guerra del Pacífico y a la dictadura chilena, esta vez no lo veo tan fácil. En los ejemplos anteriores, el pueblo aymara estaba obligado a “admitir” estas condiciones, de lo contrario les costaría sus vidas, pero en este caso ellos lo hacen por voluntad propia, por credo. Doña Eulogia me mostró fotos de su juventud, vestida con el aksu (o axu), vestido tradicional aymara que ellas mismas tejen, participando en ceremonias de floreo, en las entradas de los carnavales, en ceremonias oficiales, etc., y en sus palabras “parece que yo era la más idólatra”. La iglesia Evangélica les enseña que todo depende de la voluntad de Dios, que ya no es necesario matar a una llama para tener una buena temporada, que no se debe beber alcohol (parte importante de los carnavales y fiestas patronales), y menos leer las hojas de coca antes de un viaje, don que ella había heredado de su madre.

El rol de la iglesia Evangélica en los poblados del altiplano es muy importante. En todos los pueblos se pueden encontrar templos y se juntan todos los días. Doña Eulogia me explicaba que a través de la iglesia ellos cuentan con una red de apoyo espiritual, emocional y social permanente. En efecto, esta iglesia tiene múltiples actividades de apoyo comunal que incluyen trabajos comunitarios y encuentros, que si alguien tiene un problema todos acuden en ayuda inmediatamente; por lo tanto, para ella, no se puede comparar esta presencia permanente versus una fiesta una vez al año. No obstante, las tradiciones se olvidan.

El siguiente pueblo en el recorrido es la localidad de Chulluncane. Para llegar a este pueblo se debe seguir la misma ruta A-959 que va a Huaytane pero se debe seguir hacia el sur, desde Cariquima son 23 km, desde el desvío a Huaytane son sólo 13. El camino cada vez es más bello, pasa por riadas hasta llegar a la laguna de Villablanca, un espectacular paisaje que de fondo tiene a Mama Huanapa y se acompaña de flamencos chilenos, guallatas y taguas.

El pueblo de Chulluncane  es un poco más grande que Huaytane; mi lugar de llegada es la casa de Don Eugenio Challapa que tiene una tremenda biografía que va desde pastor, músico, líder comunitario y ahora se agrega el título de guía de turismo, entre otros. Don Eugenio lideró los proyectos de turismo sustentable en la zona. Hizo mejoras importantes a su casa mediante la incorporación de paneles solares y calentadores de agua, además de tener una casa especialmente preparada para recibir turistas.

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Cabañas para turistas en Chulluncane

Cuando llego a Chulluncane siempre me encuentro con algún evento; la primera vez fue la preparación y construcción de los techos de paja a la usanza tradicional y la segunda vez me encontré con que recién habían matado un llamo y lo estaban empezando a faenar. Por más que quise evitar la experiencia, Don Eugenio insistió en que los acompañara. Si bien como carne, siempre he pensado que si el suministro de ésta dependiera de mí, por cierto me convertiría en vegetariana; además que uno ve a estos animales como seres tan indefensos, dulces e incluso con cara divertida que es bastante difícil enfrentarse a la cruda realidad. No obstante la dramática escena, mi único consuelo fue saber que cuando matan a un llamo se aprovecha el 100% de lo que fue su existencia. Y a propósito de esto, existen varios temas a aclarar. Cuando ofrecen carne de llamo es porque de verdad es un llamo, macho, o eventualmente alpaco; no se come carne de llama ni de alpaca, hembra, salvo que sea estrictamente necesario. A las llamas y alpacas se les protege dada su condición de maternidad, más vale tener muchas llamas y alpacas vivas y así poder aumentar la prole. Las alpacas, en genérico, se trasquilan aproximadamente cada 3 años pelo para tener lana, y aquí vuelvo al 100% de su utilización, no así las llamas. Cuando se faenan para suministro de comida también se aprovecha el cuero, la lana, los intestinos, todo puede servir a modo de herramienta en un ambiente bastante escaso en materiales. Además, en un pueblo se aprovecha un solo animal para todas las familias, todo se comparte, entonces las familias se van turnando para matar un animal. Esto sin duda corresponde al verdadero significado de la sustentabilidad.

Don Eugenio se diferencia un poco del resto de los lugareños porque es muy bueno para contar historias; entre ellas, destaca la del Condenado. Aprovechando que acompañamos a Don Eugenio y su familia a buscar un par de alpacas guaguas al corral (porque estaban muy flaquitas y las iban a alimentar personalmente en la casa), nos contó esta historia que se inicia en ese mismo lugar. Hace muchos años, la ubicación original del pueblo de

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Corral de llamas

Chulluncane era donde actualmente Don Eugenio tiene su corral y donde aún quedan vestigios de las construcciones. Don Eugenio fue testigo en primera persona de esta historia, cuando él era muy joven, y todo empieza cuando comienzan los amoríos entre un hombre y su nuera. El problema comienza una vez que el hombre muere y es enterrado en el cementerio. En las noches se le podía ver y escuchar merodeando por el pueblo, provocando terror entre los habitantes, por lo que los hombres del pueblo deciden, con la autorización de la madre del muerto, llevar a cabo lo que las leyendas contaban: ir a desenterrar al muerto, cortarlo en pedazos y luego quemarlo; así lograron volver a estar tranquilos.

 

Entre los lugares que se pueden visitar cerca de Huaytane y Chulluncane está el bosque de cactus de Panavinto. Para llegar a Panavinto lo más seguro es volver a Cariquima y tomar la ruta A-953 y luego la A-955. Hay otros caminos más cortos pero no tienen señalización y puede ser fácil perderse. Los cactus de Panavinto corresponden a las especies de Cactus Cardón o cactus gigante que pueden alcanzar los 7 metros de alto y más de 600 años de antigüedad. También se encuentran unos cáctus más pequeños (O. soehrensii) que producen el ayrampo (o airampo), un pequeño fruto rojo como una pepita con el que preparan refrescos y también lo utilizan como tinte vegetal para las lanas. En este sector también se puede ver la llaretilla, un tipo de llareta de un color verde más apagado y de menor tamaño que crece desde los 3.700 hasta sobre los 4.300, aproximadamente. Además de los cactus, desde Panavinto hay una espectacular vista al Salar de Coipasa, cuyo margen occidental se encuentra en Chile y el grueso del salar está en territorio boliviano.

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Bosque de cactus de Panavinto

Otro lugar a visitar es el pueblo de Ancuaque. Para llegar se debe partir desde Cariquima por la ruta A-557 hacia el oeste y tomar el desvío señalizado a la A-97-B que llega hasta el pueblo. Cabe mencionar que esta ruta corresponde a la Ruta Altiplánica que llega hasta el Salar del Huasco. La principal atracción de Ancuaque son sus termas. Por el camino principal que pasa por la plaza (sí, la misma plaza igual de todos los pueblos) y la iglesia se llega a las termas. La entrada cuesta $1.000, por favor páguelos, si no hay nadie a la entrada del pueblo bájese y pregunte. Las termas no cuentan con instalaciones más que el escenario natural; es efectivamente una piscina natural protegida del viento por una pirca en un pequeño cerro. La temperatura del agua en superficie es tibia pero (dicen) que más abajo la temperatura es mayor; lamentablemente la temperatura exterior era bastante baja al momento de mi visita y superior a mi voluntad de sacarme las capas de ropa.

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Termas de Ancuaque

Así como Huaytane y Chulluncane, el altiplano de Tarapacá está lleno de tesoros geográficos, históricos y personales. Una de las cosas que más me conmueve es que probablemente estos lugares tienen pocos cambios con respecto a hace 50, 100 o 500 años atrás. Ahora avanzamos por una carretera, quizás algunos materiales hayan cambiado, quizás algunas tradiciones, pero lo más probable es que si pudiéramos viajar en el tiempo podríamos ver las recuas de vicuñas o llamas en los bofedales al igual que ahora, los volcanes respirando como hoy, los cactus creciendo despacito. Retomo lo dramático del altiplano, todo es tan intenso, el cielo es el más azul que jamás haya visto, las nubes están al alcance de la mano pero corren rápido y las estrellas, tantas, tantas estrellas, que aquí no forman las figuras de siempre sino que en los pocos espacios en negro de la vía láctea te muestran a la Yakana, la constelación de la llama.

 

 

 





Pisagua

1 04 2008

La sensación que tuve la primera vez que fui a Pisagua, ya viviendo en Iquique, fue la de sentir el peso de la historia en mis hombros. No tenía mayor información histórica sobre el lugar, salvo por las noticias de los detenidos desaparecidos. Pensé que este “peso” que había en el aire se debía a ese episodio, pero con los años fui descubriendo que Pisagua entreteje cientos de historias y momentos tan o aún más dramáticos que el mencionado; aunque este último es el que se retiene en la memoria colectiva con mayor fuerza. 

Pisagua se encuentra a 168 kilómetros desde Iquique, por una ruta sencilla y relativamente en buen estado. El camino tiene tramos notables, como una bajada serpenteante por entre cerros de arena, que se tragan el camino cada vez que pueden. Saliendo de este tramo ya se ve el mar, desde la altura y después de unas curvas nos enfrentamos a un acantilado impresionante, un zig-zag con curvas muy pronunciadas. En mi última visita me encontré con la muy agradable novedad de ver que están arreglando la bajada al pueblo, con fecha de entrega para los últimos 8 kilómetros en abril de 2008. Una bandera chilena flameando en lo que pareciera ser un poste de telégrafo, imita la historia del Capitán Torreblanca que llegó a la cima para izar la bandera chilena después de la toma de Pisagua el 2 de noviembre de 1879.  

En la última curva antes de tomar la recta hacia el reloj se encuentra la huella a Punta Pichalo, señalada por un sencillo cartel artesanal que dice: Punta Pichalo Habitantes: Lobos Marinos. Punta Pichalo, al sur de Pisagua, tuvo ocupación del Complejo Chinchorro desde el Arcaico medio en adelante, es decir fechas cercanas al 3.000 A.C. Su mayor atractivo para los habitantes alfareros eran las guaneras formadas por colonias de aves y la rica vida marina. Se pueden identificar cinco asentamientos: la aldea hispana, el cementerio del Complejo Chinchorro, un basural o conchal bajo la aldea hispana, cementerio más tardío y el cementerio de la población hispánica. Claramente fue un lugar habitacional ya que se pueden encontrar distintos tipos de cerámicas domésticas y muchos morteros con sus respectivas manos de moler. Es muy bonito hacer el camino a pie, que toma unos 45 minutos, aunque últimamente el camino se ha ensanchado y se podría hacer en vehículo. Al caminar hacia Punta Pichalo se pueden ver los restos de momias y ofrendas en los cerros, se escuchan los lobos gritar cada vez más cerca y sin duda el premio mayor es llegar a encontrar alguna de sus piscinas naturales. 

De vuelta al camino hacia Pisagua ya se pueden apreciar dos monumentos nacionales: La Torre del Reloj y el Hospital de Pisagua. El hospital es un gran edificio de madera de dos pisos que fue construido en 1909 y dejó de ser usado durante el gobierno de Gabriel González Videla. Gracias a que la construcción es de madera, no sufrió daños con el terremoto, sólo se ve que el terreno está algo desplazado hacia el poniente. Los orígenes de la Torre del Reloj se remontan al año 1881, cuando se levantó un monolito en conmemoración de los caídos en la Toma de Pisagua. Dice la historia (no confirmada…aún) que las osamentas de los caídos se pusieron en un osario en la base de este monolito. Luego, en 1887 y siguiendo la tradición británica predominante en la época del auge salitrero, el monolito fue reemplazado por una Torre Reloj de unos 12 metros de altura.  

Pisagua es principalmente una calle. En la entrada, rumbo hacia el norte, se encuentra la iglesia (monumento histórico, modificada después del incendio de 1905) y el Teatro Municipal (monumento nacional) construido en 1892. Siguiendo por la calle principal está la Cárcel Pública (monumento histórico) construida en 1910, y ocupada con prisioneros políticos en los gobiernos de Gabriel González Videla (1947-1948), Carlos Ibáñez del Campo (1956) y en el régimen militar.Más hacia el sur se encuentra la plaza de Pisagua junto al muelle y al cuartel de bomberos. Nótese que en la plaza hay dos cañones, (uno Parrot de 100 lbs.) de la época de la Toma de Pisagua en 1879, aunque no están en sus posiciones originales.

Volviendo al punto de inicio, donde está el Teatro y la iglesia, se toma el camino hacia el norte que pasa por Carabineros y por la antigua estación de trenes. Se cruza la línea del tren y se toma un camino de tierra que sube un poco por el cerro para llegar a Playa Guata. Es una playa muy linda, aunque abierta y con harto viento en las tardes donde además se encuentra el camping municipal. Más hacia el norte está Playa Blanca, hermosa playa con un peñón blanco de guano al medio del mar frente a la playa, y que además fue el lugar de desembarco de las tropas chilenas en la Toma de Pisagua. Siguiendo el camino de Playa Blanca hacia el norte está el cementerio 1879, donde termina este camino. Para ir al cementerio de Pisagua hay que volver al inicio del camino (donde está el Teatro) y tomar el camino de tierra con rumbo norte. Siguiendo este mismo camino se puede llegar a Pisagua Viejo pasando por el Fuerte Norte donde hay otro cañón Parrot.

En el sector de Pisagua Viejo, en la desembocadura que la Quebrada de Tiliviche y más arriba Quebrada de Camiña, sólo quedan las bases de los que fueran unos 20 recintos habitacionales, algunas bodegas o silos, hornos circulares y según investigaciones arqueológicas, una iglesia de ocupación tardía y de contacto español-indígena. La playa de Pisagua Viejo es la desembocadura del Río Camiña, y es una larga playa que por el norte se une con la Hacienda de Tiliviche, lugar de descanso, o country club, de los ingleses en la época salitrera.     





Camino a Huaviña y a su historia

12 03 2008

Para llegar a Huaviña hay dos posibilidades, entrar por la ruta a Usmagama, seguir hasta Limaxiña (https://rutasdetarapaca.wordpress.com/2008/03/07/usmagama-limaxina-y-sibaya/) y desde ahí son aproximadamente 20 kms; o entrar por el desvío a Mocha en el km. 44 de la ruta internacional Huara-Colchane. Desde Huara son 89 kms. Bajando por Mocha, 32 kms desde el cruce hasta Mocha y 13 kms desde Mocha a Huaviña avanzando por la quebrada en dirección este. 

Mi relación con Huaviña viene desde el verano del año 2005 y ha sido cada vez más intensa y reconfortante. La primera vez que llegué a Huaviña fue por el camino desde Limaxiña, y debo confesar que es de los caminos más impactantes que he visto.  Sinceramente no me sorprendería si algún día los arqueólogos anuncian el descubrimiento de un segundo Machu Pichu. La construcción de terrazas es algo realmente sobrecogedor, la influencia inca es prácticamente evidente, y lo mejor de todo es que siguen en uso, siguen tan vigentes como hace 500 años y más y el camino va serpenteando sobre estos cultivos, con hombres y mujeres que trabajan la tierra, acompañados de los infaltables perros y llamos. A medida que uno sigue bajando por la quebrada, el verde de las plantaciones se hace más intenso, el color de los aguayos más fuerte y el olor de los cultivos lo impregna todo. El camino cada vez se complica más, dos ríos lo cruzaban y a veces es difícil seguir la huella por el magnetismo de la quebrada. Nos cruzamos con un grupo de hombres y niños que llevaban leña en carretas y que se dirigían a Huaviña, después de unos 20 kms desde Limaxiña llegamos a Huaviña.  

Huaviña también es un pueblo con vida y la primera vez la recepción no pudo ser mejor, tres niños jugaban en la plaza, salieron corriendo pero con la intención que los siguiera hacia la iglesia, después de subirse al campanario bajaron a saludar, muy tímidos, pero muy amistosos, me mostraron sus conejos y su chancha, que recién había tenido crías. Me presentaron a su mamá, Marta Mamani, y a su tía, Lucila, embarazada de mellizos y que tenía fecha para el parto en los primeros días de junio del año 2005, dato no menor para la continuación de mi historia con Huaviña.

Mujeres impresionantes, orgullosas de su pueblo, de su origen, ellas junto a sus familias decidieron quedarse en Huaviña, a pesar de sus leves quejas, entre ellas que suponían que la minera cercana estaba contaminando el aire en los meses de junio y julio, que las plantaciones no eran como antes, que el agua tampoco. No tienen transporte a Iquique de forma regular; Lucila tenía que programar con mucha anticipación sus controles en Iquique, en su caso no es cosa de esperar la visita quincenal de algún policlínico por su embarazo de mellizos. En medio de la conversación, al otro lado del pueblo, aparecieron otras mujeres con más niños, pero Marta me advirtió que “esas no son de acá, vienen pa’l puro verano, viven en Iquique”, con un tono bastante despectivo. Al salir del pueblo las otras mujeres nos detuvieron y nos pidieron que firmáramos un libro de visitas, se notaban distintas, con otros rasgos, con otra ropa, pero muy amables. 

A los pocos días después del terremoto de junio del 2005, ya en Santiago (en esa época vivía en la “capital del virreinato”), me acordé de Lucila y de sus mellizos, y no fue poca mi sorpresa que en uno de los cientos de reportajes que mostraron en televisión sobre el deplorable estado de los pueblos y el grosero abandono que sufrió la gente, vi a un hombre que contó que estaban aún aislados, que vivía en Huaviña y que estaba preocupado por sus dos mellizas recién nacidas (!!!!) No podía ser otro que el marido de Lucila. Inmediatamente comencé a crear una red de ayuda para las mellizas, a conseguir principalmente dinero para comprar alimentos, ropa y pañales en Iquique. No habría sido conveniente irme a Iquique en avión con una tremenda caja llena de cosas. Recolecté aproximadamente $50.000 (unos US$100), que incluso aportó un amigo boliviano que vivía en España (hasta el Viejo Continente se escuchó mi petición!).

Partí rumbo a Iquique, al par de días después compré muchas cosas y me fui a Huaviña con el jeep cargado de todo lo que pude.Es sorprendente ver cómo las construcciones que parecen más antiguas como terrazas de piedra y parte del camino parecieran no haber sufrido daños, la verdad es que no encontré gran diferencia en el estado del camino, a excepción de algunos derrumbes que tuvieron que ser despejados por máquinas.

Cuando llegamos a Huaviña había bastante movimiento de gente del Serviu, que estaban inscribiendo a los pobladores para recibir sus mediaguas. Lo anecdótico es que nos preguntaban de dónde veníamos, queriendo decir “de qué institución”…. Sin comentarios. Llegamos a la casa de Marta Mamani, se acordaba de nosotras perfectamente y nos llevó a la casa de Lucila, su hermana que tuvo a las mellizas. Las casas de Marta y de Lucila se cayeron y ahora están viviendo en mediaguas, que aunque más pequeñas y frías, les dan más seguridad. Después de los saludos correspondientes y de ver que las mellizas, Pamela y Paulina, estaban en excelentes condiciones, les dijimos que les llevábamos algo de ayuda. No lo podían creer, aunque habían recibido ayuda del gobierno regional (no de la municipalidad) esto era distinto, era algo especialmente para ellos, para gente que tenía nombre y rostro. Su emoción era tan grande como la mía. Su agradecimiento fue infinito, representado por unas deliciosas zanahorias y la invitación a la fiesta de los pastorcitos el 6 de enero.  A pesar de que van a tener que empezar todo de nuevo con respecto a sus casas, su entereza, esperanza y fortaleza es sobrecogedora. Pareciera que no hay nada que los detenga, no hay eventos que los desanimen, creen con firmeza en su capacidad para salir adelante. Sus sonrisas permanecen y dan gracias por seguir viviendo en su tierra. Recomiendo que cuando vayan a Huaviña lleven ropa de regalo, especialmente para los niños, y de mi parte, es que lleven dulces.  

Reflexiones sobre la involución de Huaviña (y otros) 

Con mucho gusto y después de bastante tiempo volví a Huaviña para saber de las mellizas. Al igual que en años anteriores llegué para la fiesta de la Candelaria, un poco más de movimiento, un poco más de gente, más gente joven que se movía con sus instrumentos de bronce rumbo al cementerio y con una pelota de fútbol para jugar una “pichanguita” por mientras… 

Encontré a Lucila, encontré a las mellizas, muy sanas, redonditas, Pamela muy contenta por las visitas, Paulina más tímida. Ya caminan, ya suben los peldaños que hay en el pueblo y algunos de los cerros. A pesar de encontrarlas bien, me dio mucha pena ver que casi dos años después del terremoto la iglesia seguía igual, con medio campanario en el suelo, que las mediaguas del Serviu son también las mismas y que por el contrario, hay otras cosas que han cambiado. 

Joel Vernal, el marido de Lucila, estaba trabajando en la construcción del puente, que permitirá, quizás, que Huaviña quede menos aislado en las épocas de riada, bien por el desarrollo local, bien por el pueblo, bien por la gente que tiene un ingreso fijo y que trabaja por el bienestar de su comunidad. Marta, la hermana de Lucila, también estaba trabajando en esta empresa, ayudando en la cocina, bien por Marta también. 

Pero, ¿cuáles son las consecuencias de este desarrollo? Si bien ya mencioné dos ventajas, esto ha significado que las personas que han trabajado en estos proyectos viales hayan abandonado sus labores agrícolas, ya no hay zanahorias, no hay betarragas, ya no están las yerbas que tomaban para sanar. Según entendí, las utilidades por las ventas de sus productos eran tan mínimas que lógicamente les convenía más trabajar para esta empresa de construcción, aunque sea temporalmente.  

Con mucha ilusión Lucila me contó que se van a vivir Alto Hospicio en los próximos meses; que se dieron cuenta que no tienen más que hacer en el pueblo, que el sistema de la empresa les proporciona más estabilidad, que van a tener más acceso a “cosas”, que las niñas podrán ir a la escuela sin tener que luego cambiarse al internado de Huara cuando pasan séptimo básico. Prácticamente sentí angustia cuando Lucila me contaba todo esto, mientras ella se llenaba de ilusiones yo pensaba en el panorama que les espera en Alto Hospicio, en cómo se van a perder prácticas de cultivo, en cómo se va desgranando el pueblo; cómo explicarle que van a ser los últimos en la cadena, que las “maravillas de la ciudad” no son tan fantásticas como piensan, que las niñas en vez de estar en contacto con los cerros, el río, y los animales van a estar en contacto con influencias que para ellos diría que no son sólo potenciales, sino peligros directos. Pensé también que quizás llegué tarde para la implementación de todos los proyectos que tenía en mente, tarde probablemente para ellos. 

Me da vueltas y más vueltas el concepto de “un país sin historia es un país sin futuro”. Y a fin de cuentas con el cambio de los Vernal Mamani a Alto Hospicio, con esperanzas de un futuro mejor, se cierra una ventana de la historia. 

A pesar de este panorama bastante desalentador, desde mi perspectiva, creo que aún hay esperanzas, como con Cinthia, la hija de 14 años de Marta, que ya está en el internado de Huara. Marta, a su vez, ese año también se fue a Huara, para acompañar a su hija. Conversando con Cinthia sobre su vida en Huara me decía que para ella es muy aburrido. ¿Por qué? – “Por que no hay río, no hay animales, es mucho más fome, uno se va a dar una vuelta por la plaza y no hay nada más que hacer”.

Aquí hay esperanzas, es este el momento preciso, es en esta etapa de su vida cuando hay que sembrar el respeto por su historia, por sus tradiciones, por su tierra, por su gente. En ella hay un potencial enorme de valoración que no nos podemos dar el lujo de desperdiciar; es tanta la gente que viene desde otros lugares, algunos muy lejanos, a experimentar este tipo de vida, simple, muy básico quizás para algunos, pero sustentable y sano.  

Cuando veo que de forma global nos dirigimos al caos total del sentido esencial de la vida, de los valores básicos de la convivencia, creo que es necesario mirar hacia atrás y darnos cuenta del momento en que los elementos cambiaron, es decir, analizar nuestra historia. Hay pueblos milenarios que han logrado sobrevivir gracias al simple hecho de preservar su historia, de mantener sus tradiciones y en algunos casos hasta su idioma original; entonces para mi la lógica dice que si por miles de años se respetaron las creencias y valores comunitarios y las cosas funcionaron de forma bastante estable, entonces quizás la solución es empezar a deshacernos de tanta “evolución”, de tanto “progreso” y volver a lo más esencial, a la forma básica de vivir, con valores que no se transan, como el respeto hacia nosotros mismos, a nuestro medio ambiente, a nuestra comunidad y entorno, es decir a nuestra historia.   





Usmagama, Limaxiña y Sibaya

7 03 2008

Para llegar a Usmagama se debe tomar la carretera internacional Huara-Colchane. En el km 64 está el desvío hacia el sur-este. La primera vez que fui a Usmagama e hice la ruta completa hasta Mocha por dentro de las quebradas venía con energía muy potente desde Chusmiza, a pesar del frío que hacía y de que la lluvia nos acompañaba incesante, sentía mucho calor, el calor de mis manos traspasaba la ropa, impresionante. El letrero de pueblos y distancias dice que son 14 km hasta Usmagama, pero se pasan 14, 24, 34 y creo que se llega al km 41. El camino se hace largo y un tanto lento, hay que cruzar varias quebradas, subir y bajar decenas de veces, pero las recompensas son grandes, se pueden ver piedras tacitas en ubicaciones estratégicas sobre algunas cumbres hasta que se llega al letrero que anuncia el pueblo. Cuando finalmente se llega a Usmagama, a 2.687 metros sobre el nivel del mar, uno se da cuenta que vale la pena el recorrido. Si de pueblos fantasmas se trata, Usmagama gana premio. Geográficamente es precioso, todo el pueblo se encuentra en la misma ladera de un cerro, mirando hacia el poniente, las construcciones preservan las formas originales, paredes de barro, algunas con techos modernos, otras mantienen la paja y el barro, con corrales laterales, flores y vestigios de algún carnaval; latas de cerveza, cajas de frutas bolivianas y pisco peruano. La iglesia era notable, vuelve a incorporar la decoración con influencia hispánica, músicos, instrumentos, flores, la puerta pintada de verde, sin fecha, pero no había nadie, ni siquiera un perro. Lamentablemente la iglesia quedó absolutamente destruida después del terremoto de julio del año 2005. En uno de mis viajes a Usmagama, ya saliendo del pueblo vimos a una mujer de muchos años en una casa que colgaba de un cerro alejado del camino, sólo la acompañaban unas cabritas. Entonces vuelvo a pensar en la posibilidad de vivir así, ¿realmente se puede? No se veía evidencia de más personas, ni de caballo, ni una mula, ¿cómo puede esta mujer mantenerse viva, siempre con una sonrisa? ¿Cultivará aún sus propios alimentos? ¿Sacrificará a sus únicos compañeros para comer algo de carne? ¿Irá a Iquique alguna vez? Pero creo que la respuesta salta a la vista, ella nos saludó con una noble sonrisa. En otro viaje, y creo que en la puerta de la misma casa donde antes estuvo la señora con sus cabritas, me encontré con un señor de avanzada edad y un hombre más joven, con muchas bolsas, mochilas y sacos. Este señor me hizo parar y me preguntó si los podía llevar a Limaxiña, lamentablemente los dos con toda su carga no cabían en el jeep, por lo que sólo llevamos al mayor con todas las bolsas, era el señor Francisco Amaro (supongo que su apellido original habría sido “Amaru”, serpiente en aymara, o de los Amaro españoles que alguna vez llegaron a estas tierras). Don Francisco vivía solo en Usmagama y su hija y nietos vivían en Limaxiña; no era precisamente conversador, sino más bien se dedicó a preguntar que andaba haciendo yo por allá, curioso esto de cambiar roles, en donde por lo general yo pregunto y ellos me cuentan…En una visita después del terremoto del 2005, me encontré con el pueblo derrumbado, partiendo por la iglesia como dije anteriormente, y como en este pueblo no hay habitantes más que el señor Amaro esporádicamente, la ayuda hasta el día de hoy por lo menos para recuperar la iglesia, nunca llegó. Siguiendo desde Usmagama el camino se hace cada vez más impresionante, colgando de quebradas para llegar a Limaxiña, a 2.843 metros sobre el nivel del mar. Supuestamente son 11 km desde Usmagama a Limaxiña, pero el camino también se hace más largo. Al contrario de los otros pueblos, y del que menos lo esperaba, Limaxiña se ve como un pueblo lleno de vida, iglesia, plaza, casas, niños, animales, terrazas de cultivo y a un par de kilómetros está Sibaya, que fuera centro muy importante en la época de la colonización y probablemente de muchos años antes. Cabe mencionar que en este trayecto cruzamos muchas quebradas, todas profundas, unas más grandes que otras y lamentablemente los nombres no los tengo del todo claros, la principal es la Quebrada de Tarapacá, pero entre otras cruzamos la Quebrada de Ocharaza (Chusmiza), Chapiro, Cugua??? y otras ilegibles.Definitivamente Limaxiña sorprende.Sibaya se ve grande, extenso, con muchas terrazas que se pierden a la vista, también se ve bastante movimiento, tiene escuela y la sede de la radio rural para comunicarse desde estos pueblos con Iquique.Siguiendo por este camino rumbo sur-oeste por la quebrada el siguiente destino es Huaviña, y merece un post aparte.





Rumbo a las Termas de Chusmiza

29 02 2008

La primera vez que fui a Chusmiza fue uno de mis primeros viajes “independientes” hace unos cinco años. Con esto me refiero a que partíamos en el jeep mi mamá, mi hermana, mi hija y yo manejando, con el único objetivo de explorar (puramente sarañ puriña, es decir “ir y venir” en aymara, lo que hacen los viajeros). Queriendo ser una viajera responsable, y considerando mis pasajeras, pasé a los carabineros de Huara para preguntar sobre la distancia, la altura, el estado del camino, etc.; era verano, las nubes negras y probablemente estaba bajando agua. Muy inocente y confiada le pregunté al carabinero de Huara por el estado del camino a Chusmiza, me miró con cara de pregunta, y acto seguido llamó por radio al retén de Mamiña. Muy primeriza habré sido, pero Mamiña debe estar a unos 100 km. como mínimo en línea recta, en otra comuna, en otra quebrada, en fin, ahí aprendí que preguntar sirve, pero depende a quién…

 

Son 75 km desde Huara hasta el cruce para entrar a Chusmiza, que se encuentra a 3.200 metros sobre el nivel del mar. La llegada es hermosa, en el camino se cruzan guanacos y empieza a aparecer la típica vegetación que se encuentra sobre los 2.500 msnm, es decir, esas pequeñas florcitas rojas y amarillas al borde del camino y las rocas se tiñen de verdes mezcladas con algunos arbustos y cactus.  Chusmiza se divide en dos, al parecer una parte antigua y una moderna, la antigua se encuentra en el costado norte del valle y al seguir por la quebrada hacia el poniente se pueden encontrar algunas construcciones prehispánicas. En el sector moderno hay casas, plantaciones y las instalaciones del agua mineral “Chusmiza”, que ya no está en funcionamiento por un pleito legal por los derechos del agua, dicen que pronto se resolverá, y que la planta de agua mineral y las instalaciones de las termas podrán funcionar nuevamente. Por supuesto hay una iglesia, que no tiene las mismas características de los otros pueblos cercanos, es de líneas muy simples, blanca con una franja azul en la parte inferior, sin adorno alguno y con un par de campañas colgando de unos postes bastante “desgraciados” (entiéndase desgraciados porque no tienen mucha gracia). No faltaron los perros tipo “Chusmizos” o “Chusmiza Highland Terrier”. Afortunadamente han instalado letreros indicando “petroglifos 3 km” y “termas” con una flecha. En todo caso un saludo y la consulta pertinente a los locales nunca está de más.   

A esa altura el cielo se tornaba cada vez más gris oscuro, amenazador y se veía como en las altas cumbres disfrutaban de una deliciosa tormenta altiplánica. Llegamos a las termas siguiendo el camino que sube por la iglesia, camino muy angosto, pasamos por una piscina a mano izquierda y seguimos hasta que cruzamos una reja: “PROHIBIDO EL PASO, PROPIEDAD PRIVADA”, pero pasamos porque íbamos con la “autorización” del único humano que apareció en el pueblo, ahí se acaba el camino.

Extraño lugar era ese sin duda, construcciones contemporáneas abandonadas, algunas puertas cerradas con candado, otras abiertas que llevan a habitaciones que tienen hasta tinas de baño termales roñosas y muy sucias. Siguiendo el camino a pie y en una quebrada cada vez más cerrada nos encontramos con una cueva natural donde llegan las aguas termales, muy azufrosas y a punto de hervir. Al lado una pequeña piscina pegada al cerro con una reja de techo para que no caigan las rocas de posibles derrumbes. El cielo estaba cada vez más negro pero ahora acompañado de una sinfonía de truenos con algunas notas de agua muy helada. Los truenos y la lluvia no impidieron que entráramos a estas aguas que parecían venir desde el mismo infierno, después de un rato no hay otra palabra para describir la sensación, una delicia. En el borde de la mini piscina había restos de velas, definitivamente experiencia pendiente: pasar la noche en el agua a la luz de las velas.

Siguiendo hacia el oriente existe un lugar supuestamente habilitado para camping junto a restos de construcciones ancestrales, al frente, algunos collcas o lugares de acopio empotrados en los cerros. 

En una segunda visita hace pocas semanas ya no había truenos ni lluvia, sino sol y más gente, una familia de Calama y una abuela con su nieto, ella local de Chusmiza pero que vive en Iquique hace años. Muy simpática y conversadora, me contó lo del pleito por los derechos de las aguas, que esto ha perjudicado mucho a la población ya que disminuyeron los puestos de trabajo, las familias emigraron a Iquique y en la escuela sólo quedan cinco alumnos, todos de pueblos cercanos a Chusmiza. Además me contó que las aguas termales son especiales para dolencias de huesos, articulaciones y de la piel y que incluso la curaron de una rodilla.

Entre conversaciones con la abuela de Chusmiza y la gente de Calama pasamos horas en el lugar, entrando y saliendo del agua, que es tan caliente que no conviene quedarse mucho tiempo y que inmediatamente después de salirse hay que abrigarse para conservar el calor (y de verdad se conserva hasta la noche…)





Pachica

29 02 2008

Pachica es la cuarta localidad en la Quebrada de Tarapacá, a 1630 metros sobre el nivel del mar. Se puede llegar por la ruta hacia Colchane; a 34 km de Huara está la entrada y luego son 6 km por una bajada tipo zig-zag que está en buenas condiciones. La otra posibilidad es bajar al pueblo de San Lorenzo de Tarapacá (23 km desde Huara y 5 km de bajada) y seguir por el camino que cruza el río hasta llegar a Pachica. La primera opción es más corta y rápida pero en la segunda se tiene la opción de además ver el cementerio de Tarapacá y pasar por Quillahuasa, sin perderse por supuesto la imponente vista de los farellones que cuelgan por la quebrada.

Pachica es un pueblo pequeño, con escuela e iglesia, y casas de diversos tipos de construcción. Al parecer la ayuda del gobierno regional se ha hecho presente y ahora la calle principal cuenta con un camino empedrado moderno. Este tipo de “desarrollo” inevitablemente me hace tener contradicciones. Evidentemente es bueno para los lugareños, me imagino que se deben sentir más cerca de la “capital”, pero a la vez siento que de a poco va perdiendo algo de su identidad. La mezcla de casas centenarias con casas tipo subsidio no es muy motivadora para el turista, ni la restauración de la iglesia sin mantener su armonía original. El progreso también se ve en los trabajos viales, que cada año se desarman como maquetas; resulta sorprendente, por decir lo menos, que después de tantos inviernos altiplánicos, y teniendo clarísima cuál es la ruta de las riadas, no se haga una obra que dure más de un año, en fin, pero eso es tema aparte.

A pesar de lo anterior, todavía es posible recorrer terrazas de sembradío ancestrales que en época estival se cubren del tono violeta de la alfalfa y de los verdes intensos de las plantas de maíz, molles (pimientos) y palmeras. Desde Pachica se puede seguir camino hasta Laonzana, deleite de geólogos y que prácticamente es el último poblado de la quebrada. También se puede seguir camino hacia Lirima y Cancosa, que por el momento no lo he recorrido y por los comentarios recibidos, pareciera ser bastante tortuoso.

A mi juicio, el mayor encanto de Pachica está en sus cerros. Las capas de años geológicos se confunden entre colores naranjos, amarillos, violetas, verdes y probablemente entre miles de seres fosilizados de épocas jurásicas. Sin duda imperdible a la hora del atardecer.








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